El coronavirus también puede ser una oportunidad

Photo by Fusion Medical Animation on Unsplash
- Espacio para publicidad -
   

Desconozco qué le contestó Alberto (Fernández, el presidente) a Dylan (su mascota) cuando éste le preguntó por qué los humanos ahora usan bozal. Yo le habría contestado que es para ganarle por cansancio a un virus muy contagioso que está dañando nuestra salud. Del coronavirus ya se sabía demasiado desde octubre de 2007: “es una bomba de tiempo, el tema es cuándo explotará” comentaron los científicos en Clinical Microbiology Reviews. Trece años después, la bomba explotó. Pero, ¿por qué dejamos que explotara?

Desde sus orígenes, esta pandemia ha politizado tanto la ciencia como la medicina. Ahora conocemos las contradicciones por años entre la Organización Mundial de la Salud y las potencias mas relevantes del planeta. Esta politización es la segunda bomba de tiempo que daña y dañará  a toda la sociedad a nivel planetario. La palabra política no es mala; sin embargo, politizar la ciencia y la medicina sí lo es, ya que les suma atributos no vinculados con su esencia. ¿Cómo se la politiza?: Ocultando datos, generando falsas dicotomías entre salud y  economía, o  presionando con noticias falsas para sacar ventajas para un sector. Los grupos de poder e intereses fueron un buen caldo de cultivo para el virus. Desfilaron en la web, la televisión y los diarios todo tipo de opinión de “expertos”. Las más resonantes fueron las gárgaras con lavandina de Donald Trump y las marchas anti distanciamiento social de Bolsonaro, cuyo país es líder en la región de muertos por coronavirus. El  psiquiatra español Jorge Tizón nos recuerda que “no hay nada mas contagioso que las emociones”.

La politización de la ciencia y la medicina también son una bomba de tiempo. (Photo by Ashkan Forouzani on Unsplash)

El temor y hasta el pánico abundan en todos nosotros.Desde ya que a mis 62 años no me gustaría tener Covid ya que por el calendario soy población de riesgo, pero al mismo tiempo sé que las chances de que me vaya mal no son muchas, ya que las medidas de cuarentena nos están dando tiempo para estar mejor preparados en los grandes centros de salud. Me refiero a camas disponibles, elementos de protección personal para que los que tratan y cuidan se acerquen al enfermo las veces que haga falta, facilidades tecnológicas como un respirador que no sea un simple inflador y expertos a la hora de tomar decisiones con todas las pilas puestas y no días  de insomnio y desventuras. En un contexto así, las posibilidades de éxito son muy altas.

En el norte riquísimo de Lombardía (Italia) donde se encuentran las mejores escuelas de medicina crítica respiratoria del mundo es, paradójicamente, donde más fallecidos hubo en la Unión Europea. ¿Qué pasó entonces en el  mejor lugar del mundo?: simplemente la cantidad de pacientes que necesitó del sistema saturó las instituciones, los profesionales se enfermaron y el miedo y la improvisación tomaron las riendas en lugar de seguir las guías que por años habían escrito los mejores del mundo. La atención quedó en manos de no expertos, el virus se aprovechó de toda esa desorganización y falta de recursos humanos. Si bien hay atenuantes como el envejecimiento de la población, de todas maneras  muchos pacientes podrían haber sobrevivido en otro contexto.

En España pasó exactamente lo mismo. El virus contó con un aliado inesperado: la estupidez humana. Pocos días antes de decretar la cuarentena las calles estaban llenas de eventos políticos y deportivos: “un caldo de cultivo para los virus” y los centros de salud ya desbordados.

No se conoce a ciencia cierta la mortalidad del coronavirus porque ésta depende de lo que se llama el denominador, es decir, cuántos casos han sido testeados a fin de saber el verdadero número de infectados. Hay desconcierto, ya que países con igual nivel de desarrollo tuvieron diferencias en hasta cinco o más veces en la mortalidad. Como ejemplo: Alemania 2.5% vs Italia 12%, España 9% y Francia 18% . 

Queda claro que no es sólo un problema de números sino de la importancia que cada país le dio a la pandemia desde su comienzo, las medidas para frenar su avance y cómo estuvo preparado su sistema de salud. Ahora, después de esta reflexión y datos, creo que a Dylan le diría al Presidente, además, que los humanos usamos bozales para recordarnos que el otro existe y no debo contagiarlo y que, aunque duela, por ahora el aislamiento es lo único que garantiza que, si cumplimos pensando en el otro, entonces la cadena hace que también piensen en mí. Los casos de coronavirus seguirán apareciendo quizás por meses, pero podremos tratarlos adecuadamente y sólo morirán los que quizás el virus los lleve a una muerte natural más vinculada con su fragilidad previa que a un error en el sistema de salud. Hay muchas formas de cumplir el aislamiento social para aplanar la curva, los expertos dirán. Hay etapas, hay lugares, hay modos, hay formas de trabajo con distanciamiento. Lo que no debe haber es impaciencia.

Sería bueno recordar quién es el creador del concepto de aplanar la curva,  las medidas de aislamiento para lograrlo y el rastreo de los casos positivos para detener la propagación. Se llama Rajeev Venkayya, médico intensivista norteamericano que nos recuerda que no se puede cambiar el pasado pero sí corregir para el futuro, e inclusive despliega una estrategia para reabrir lenta y ordenadamente la cuarentena. 

Siempre hay dos caminos opuestos en una crisis. Uno es enojarse con la realidad, otro es la resiliencia. De nosotros depende cuál tomemos.

Eduardo San Román

MN 59830

Jefe del servicio de terapia intensiva de Adultos del Hospital Italiano de BA)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here