La fama mundial no hizo que olvidara sus orígenes

Antes de diseminar su obra literaria por todo el mundo, Agatha Christie ejerció la enfermería y nunca olvidó aquella experiencia.

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A lo largo de su extensa vida, Agatha Christie escribió más de sesenta novelas policiales y de misterio sumadas a otras tantas historias de géneros diversos y obras de teatro. La escritora inglesa bautizada como la “Reina del crimen” falleció en 1976, pero aun hoy es la novelista que más libros vendió en los últimos dos siglos. Sus obras fueron traducidas a poco más de cien idiomas y entre los premios y laureles que le otorgaron se pueden nombrar los más importantes;
“Doctora honoris causa en Letras” concedido por la Universidad de Exeter y el título de “Dama del Imperio Británico«; de parte de la Corona.
¿Cómo fue que esa mujer nacida en 1890 en un pequeño poblado llamado Torquay alcanzó la fama mundial con sus insuperables escritos? Muchas veces, para explicar el destino de una persona hace falta un acontecimiento que haya obrado como disparador. Christie había nacido en un hogar de clase acomodada y tenía 24 años cuando en Europa estalló la Primera Guerra Mundial.
Tal como se acostumbraba en esos tiempos, los ricos cedían parte de sus mansiones para acoger a los heridos en el frente. En todas las escalas sociales, muchos habitantes de la isla en condiciones de ayudar se ofrecían para colaborar con su país de manera desinteresada. Agatha Christie fue una más de aquellos que pusieron el hombro. Se unió al Destacamento de Ayuda de Voluntarias oficiando como enfermera en el hospital de su pueblo desde el comienzo y hasta el fin de la guerra en 1918.

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Fue en ese período de cuatro años en que aprendió los secretos de la toxicología. Después de un período en que administró medicinas y limpió heridas, fue asignada al Departamento de Farmacia, donde aprendió en profundidad acerca del empleo de plantas medicinales, drogas y pociones que mal manipuladas podrían transformarse en venenos.
La tarea no era constante, por lo que a la joven enfermera con ambiciones de escritora se le ocurrió trabajar en una novela en la cual la víctima, precisamente, moría envenenada. El misterioso caso de Styles fue el manuscrito que Christie se animó a presentar en una editorial que inicialmente rechazó la historia. Fueron tiempos difíciles pero ni el fuego cruzado, ni los heridos y tampoco los rechazos la desanimaron porque Agatha Christie se encontraba haciendo las cosas que más le gustaban: colaborar con sus compatriotas y escribir. Aquel libro fue finalmente publicado una vez terminada la contienda, y resultó ser el primero de una lista interminable de sucesos editoriales por más de cinco décadas.

“Haber trabajado como enfermera sirviendo al prójimo fue una de las cosas más gratificantes que me pasaron”

Sus obras más aclamadas continúan pasando de mano en mano, ocupan bibliotecas y librerías del mundo entero, y se leen hasta en las clases de literatura de los colegios de cualquier punto del planeta. Muerte en el Nilo, Asesinato en la Mesopotamia, Cita con la muerte, Diez indiecitos o Asesinato en el Expreso de Oriente son los títulos que más resuenan a los lectores. En casi todas sus obras, las muertes ocurren por envenenamiento.
La maestra del misterio llegó hasta donde casi nadie en el ámbito literario. Lo que no muchos saben es que lo hizo influenciada, además, por aquella experiencia de servicio durante los días de la guerra, hecho que Agatha Christie reconoció en más de una oportunidad: “Haber trabajado como enfermera sirviendo al prójimo fue una de las cosas más gratificantes que me pasaron”. Sin misterios.

 

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