La epidemia de COVID-19 nos une pero también nos enseña

El 11 de marzo la OMS declaró la enfermedad como pandemia. Foto de Marcelo Leal en Unsplash
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Soy Mónica Campos y hoy quiero compartir mi experiencia en esta emergencia sanitaria provocada por el COVID 19.

Soy Licenciada en Enfermería, madre de 2 hijos adolescentes, nacida en la  ciudad de General Roca, Rio Negro. Mi desarrollo profesional está muy identificado con el Sanatorio Juan XXIII, donde llevo 28 años desempeñándome como Supervisora de Quirófano.

Licenciada Mónica Campos, supervisora jefa de Quirófano en el Sanatorio Juan XXIII, General Roca, Río Negro.

El servicio está compuesto por  4 quirófanos centrales y la unidad de materno infantil (2 salas de partos).

La dotación a mi cargo está conformada  por un equipo de 35 profesionales entre enfermeros, instrumentadores y mucamas.

El sanatorio es un centro de derivación provincial e interprovincial, dada su alta complejidad llegamos a realizar más de 30 cirugías diarias. Actualmente hay un proyecto de ampliar la cantidad de quirófanos de la institución debido a la gran demanda de procedimientos.

Este año 2020 no va a quedar para nada olvidado en los recuerdos de la humanidad, y aquí estamos nosotras, las enfermeras, escribiendo esta historia, contando nuestras vivencias e inmortalizándolas para que sean conocidas por las futuras enfermeras.

En marzo comenzaba a resonar en los medios de comunicación la noticia de que un virus llamado COVID 19 estaba cada vez más cerca.

Desde principios de año resonó en los medios de comunicación informaciones sobre un virus que luego se convirtió en pandemia.

Salían las primeras comunicaciones por parte del Ministerio de Salud, que aseguraban que tardaría mucho en llegar a la Argentina; sin embargo, esto no fue así ya que a los pocos días se confirmaba el primer caso positivo de COVID-19.

Esto no pasó inadvertido para los directivos y personal del Sanatorio Juan XXIII; rápidamente comenzaron a convocar reuniones diarias en conjunto con infectologia y equipos de cada área. Parecía sacado de un libro de historia, cuántas veces me había tocado leer en mi formación sobre las pandemias que azotaron al mundo; y hoy yo sentía que nos estábamos preparando para una guerra.

Lo vivimos con mucha incertidumbre. Las primeras charlas eran sobre el uso del barbijo N95 y cada jefe de sector tenía que realizar su propio protocolo (EPP). Todas las ideas y propuestas eran buenas, nos escuchábamos y compartíamos conocimiento mientras las noticias que llegaban por los medios anunciaban un panorama desgarrador.

Así es que entendí que hoy más que nunca debía liderar varios frente de batalla en los cuales estaban mi familia, mi servicio, mis enfermeras y mis pacientes.

Para el personal fue un impacto tremendo, mucho estrés, miedo, angustia, incertidumbre y mucha presión. Sufrimos las primeras bajas de este virus, ya que la información en algunas personas impactó psicológicamente y no pudieron continuar, el pánico ya estaba entre nosotros.

Comenzaron a llegar pacientes con signos y síntomas de COVID, fue tan rápido el proceso que tuvimos que reorganizarnos y asistir los servicios más críticos. Tuvimos que enviar parte de nuestras enfermeras para ayudar a la unidad de cuidados críticos, los pacientes ya eran muchos y no alcanzaban las manos para poder asistirlos.

Fue ahí que la terapia intensiva tomó un papel preponderante, todos se enfocaban en ella, y quirófano quedó alerta sólo para resolver urgencias y procedimientos de riesgo de vida. Mientras tanto continuamos trabajando en equipo, preparando normativas y protocolos que nos ayudaran a sobrellevar esta emergencia sanitaria.

Muchas veces nos sentíamos mal porque el personal no quería venir a trabajar por miedo, y yo como jefe también tenía los mismos temores, hacía de psicóloga de cada uno de nuestros compañeros y del personal a cargo.

Nuestro sector empezó a tener bajas de enfermeros que fueron solicitados para cubrir el faltante de UTI, también se sumó el personal que salió por licencia de alto riesgo, certificados psicológicos y demás.

Pasó entonces lo que escuchamos y vimos que pasó en Europa, a través de los medios de comunicación; nos encontramos sin enfermeros en el área y tuvimos que multiplicar esfuerzos para continuar.

Muchos son los sentimientos que invaden al equipo en estos momentos, gestionar profesionales se convirtió en gestionar emociones, madres, padres, hermanos, amigos, colegas, etc.

Los sentimientos que aún están dentro de mí se asemejan a un apretar de garganta cada vez que aparece algún integrante del equipo con síntomas compatibles con COVID-19.

Quiero destacar que la Gerencia siempre nos respaldó en todo momento con los insumos y equipos de protección personal, también  con acompañamiento psicológico, pero para el personal parecía que nada les alcanzaba, todo era miedo e inseguridad.

Llegamos al mes de agosto sin tener personal contagiado en nuestra área, producto del buen cumplimiento de los protocolos, fue una tarea diaria de reuniones constantes.

Recibíamos felicitaciones por respetar los protocolos y el distanciamiento social, tanto en el trabajo como en nuestra vida privada.

Foto de Glen Carrie en Unsplash

Y pasó lo que nadie quería que pase, comenzaron a dar positivo de COVID algunos colegas, el virus estaba entre nosotros. En ese momento supe que teníamos que ser más fuertes que nuca, contábamos los días de aislamiento de nuestro personal y rogábamos que pudieran superar la enfermedad.

Se realizaron hisopados al personal que habían compartido la misma jornada laboral, dando como resultado que algunos dimos positivo. (Antes de los estudios los síntomas que tenía los relacionaba con el estrés de la situación que estaba atravesando.)

Recibí mensajes alentadores de todo el personal del sanatorio, me angustié mucho, temía por mi familia y más teniendo en cuenta que mi marido era persona de riesgo (hipertensión), en mi caso venía con una patología de dos neumonías seguidas. Pensé que con estos antecedentes, sumados al positivo de COVID, iba a tener consecuencias severas; pero el buen seguimiento diario de los médicos hacia nosotros, junto con los leves síntomas (vómito, dolor muscular, anosmia) hizo que la pasáramos no tan mal. Es para destacar el seguimiento y el cuidado del personal que realiza el sanatorio, ya que posee un equipo interno de seguimiento para todo el personal con COVID positivo, dispuesto por el director médico, doctor Carlos Pochat.

Actualmente estamos volviendo a la normalidad, pero con los protocolos que hay que cumplir para cuidar a los pacientes y cuidarnos nosotros.

El personal manifiesta que está cansado, en algún punto sabemos que posiblemente muchos nos contagiemos, también sabemos que algunos pueden llegar a perder a un ser querido, pero debemos estar preparados y más unidos que nunca.

Este virus nos enseñó que debemos fortalecer los equipos, trabajar interdisciplinariamente, respetar los tiempos de los  protocolos, y a estar más unidos que antes.

Hoy puedo ver dos escenarios, uno representado por el dolor y la angustia de las secuelas que nos deja esta pandemia, y el segundo escenario, que está muy marcado por  lo que este virus nos dejó: estamos más unidos que antes, mostro al mundo que la enfermería es pilar del sistema de salud, que más allá de las religiones y funciones todos somos personas con un mismo objetivo: superarnos y aprender de las consecuencias que nos puedan golpear.

Mónica Campos, Licenciada en Enfermería / Supervisora jefa de Quirófano, Sanatorio Juan XXIII, General Roca, Río Negro

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