Lezama: Dr. Francisco Quijano, el hospital del pueblo

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En el hospital municipal Dr. Francisco Quijano, de Lezama, provincia de Buenos Aires, se está llevando a cabo una investigación financiada por el Instituto de Ciencias Sociales y Disciplinas Proyectuales (INSOD) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) para indagar en la construcción social de las narrativas en torno de los procesos de salud-enfermedad-atención-cuidado. El equipo de investigación está conformado por Verónica Meo Laos, Gilda Azzati, Roxana Cappanera, y el odontólogo Pablo Nicolás Tissone como investigador externo.

Enmarcado en el paradigma cualitativo, desde el enfoque interpretativo, se emplea la metodología de la historia oral para indagar en el horizonte de creencias sobre la atención de la salud y el cuidado, la incidencia del paradigma biomédico en los discursos que se establecen entre los profesionales de la salud y los pacientes, así como las tramas de relaciones simétricas y /o asimétricas en las que se ubica el hospital municipal de Lezama respecto de otros centros de salud de la región.

Aun cuando se encuentra en proceso, lo realizado hasta el momento permite arrojar hipótesis de partida con vistas a desarrollar caminos de indagación posteriores. En principio, a partir de la realización de una serie de entrevistas abiertas se trata de comprender el sentido que cada persona que trabaja o se atiende en ese centro de salud periférico ubicado fuera de los centros urbanos, otorga a las rutinas de atención y cuidado.

Recordamos que la noción de periferia está vinculada con la posición subordinada en la que ésta se inserta respecto del sistema-mundo moderno/colonial y que responde a la colonialidad del poder. A partir de allí se intenta indagar en las posibles materialidades que puede adoptar  la subordinación periférica, incluso dentro de un contexto periférico más amplio.

El trabajo de campo se lleva a cabo en el Hospital Municipal Dr. Francisco Quijano, de Lezama (ex Pueblo y Colonia de Manuel J. Cobo),  ciudad cabecera del partido homónimo, situada en la provincia de Buenos Aires, ubicada 157 kilómetros al sur del centro de la ciudad autónoma de Buenos Aires, que perteneció al partido de Chascomús hasta fines de 2009, cuando la Cámara de Diputados le otorgó su autonomía.

Precisamente la autonomía de Lezama es un factor clave para indagar en  las categorías; identidad de lugar, topofilia y paisaje con imaginario y su relación con lo corporal como agente encarnado y situado. Lezama tiene una población de 7 mil habitantes.

Breve historia del hospital Dr. Francisco Quijano. El hospital de esta ciudad, ubicada en la llanura pampeana, lleva el nombre del médico que tuvo a cargo la puesta en marcha de la Sala de Primeros Auxilios que dio origen al centro de salud pública que hoy lo recuerda. Esa sala nace con el aporte de los vecinos de Lezama para la construcción de un centro asistencial que, por sus características edilicias y su ubicación geográfica, no se ajustaba a la arquitectura sanitaria.

De acuerdo con una investigación de historiadores locales, la fundación ocurrió por iniciativa de un policía que vio “con alarma cómo el caos del intenso tráfico turístico generaba continuos accidentes y que no podían atenderse debidamente por la ausencia de un centro asistencial΅. De allí que el primer Hospital de Emergencias de Lezama tuvo por objeto atender los casos de urgencia durante la temporada estival (emergencias, operaciones de cirugía mayor y ortopedia, banco de sangre y atención permanente por medio de ambulancias y helicópteros). Se trataba de que estuviera comunicado por radio policial con todos los puestos de la ruta a Mar del Plata y la sede central, instalada en el Ministerio de Salud Pública. Este objetivo no se cumplió porque el hospital fue desguasado en 1967.

La sala de cirugía y la maternidad fueron desmanteladas. Algunos materiales fueron trasladados a Chascomús, y de otros no se tuvieron noticias. Lo cierto es que, a pesar de las movilizaciones populares para evitarlo, el hospital se convirtió en Especializado en Crónicos y mantiene su atención a los agudos. De haber sido un centro de atención regional, hoy día pasó a ser un hospital de atención y derivación.

El desmantelamiento fue una línea divisoria en la historia del hospital y, a la vez, se establece como significante alrededor del cual se amalgaman narrativas en torno de resistencias y luchas cuyo punto de llegada es la separación de Lezama del partido de Chascomús y su posterior independencia. En ese proceso que involucró a la comunidad de Lezama, el hospital tuvo un significativo valor simbólico con profundas implicancias en la construcción de la identidad local.

El hospital hoy. Con el fin de problematizar y tematizar estos procesos, además de interrogarnos desde las ciencias sociales con el objeto de analizar los múltiples significados y representaciones que atraviesan el mundo de lo simbólico y que elaboran y recrean la realidad material, se han realizado una serie de entrevistas in situ. En una de ellas el administrador, Daniel Luciano, subraya el valor de lo comunitario en la constitución de ese centro de salud pública en un pueblo del interior de menos de 7 mil habitantes.

En el hospital trabajan 157 personas y, para llegar a su lugar de trabajo, Luciano va pedaleando en su bicicleta, rutina que repite a diario desde hace 32 años. Según sus propias palabras, en el pueblo se conocen todos porque al ser pocos el contacto es cotidiano. “El pueblo no sabe las calles pero si uno dice dónde vive Daniel Luciano, ahí le dicen: ‘vive de la estación de servicio o del club a tres cuadras’. Entonces esa idiosincrasia hace que la gente se conozca y, al conocerse, se nos generan     vínculos de solidaridad que tal vez en las grandes urbes quedan más perdidos”.

¿De qué manera esos lazos comunitarios construyen el imaginario de los lezamenses? Para Luciano, desde la infancia, en la escuela le enseñaron el valor de la identidad. Así, en el instituto Cristo Rey una de las primeras palabras que aprendió en edad escolar fue: “autonomía”: “En principio nos parecía una palabra dura o rara, pero ya en tercer grado sabíamos que esa palabra significaba el futuro nuestro. Porque los profesores nos fueron de a poco explicando             que nosotros en algún momento debíamos dejar de pertenecer al Municipio de     Chascomús, no ponernos en contra del Municipio de Chascomús”.

Aun cuando Luciano puntualiza que él mismo tiene parientes en aquella ciudad, de todos modos: “Pero política e institucionalmente nosotros sabíamos que esa palabra representaba la única posibilidad de futuro.

En esa construcción identitaria, el hospital se constituirá como un paisaje cultural, o sea, la expresión de las vivencias cotidianas de las personas. Recordemos que todo paisaje es una creación cultural del ser humano y se vincula a la noción de texto, entendido éste en tanto unidad comunicativa formada por un enunciado o un conjunto de enunciados que transmite un mensaje con sentido completo. Siguiendo esta perspectiva todo paisaje es un texto cargado de mensajes que le confieren un sentido. Quienes lo modelan intentan plasmar en la realidad sus perspectivas, sus sueños y esperanzas.

Leer la historia del hospital de Lezama como paisaje con imaginario nos permite arrojar hipótesis acerca de la construcción del sentido de lugar. En este sentido, los versos del poema “Dr. Gaucho”, de Juan Manuel Morales, permiten vislumbrar el color rural: Fue Don Vicente Arcondo / Aquel doctor lezamense / Ahora pido me dispensen / Por mi humilde narración / Verdades que al paso hayo / Yo no vine a dar un fayo / Solo dije en evidencia / Que hubo un tiempo en que la ciencia / Solía llegar a caballo.

Desde el paradigma biomédico se presupone que la medicina está asociada a la tecnología, al centro, a lo urbano. Sin embargo, a través de la metonimia la palabra ciencia se desliza hacia la figura del médico de a caballo que visitaba a los pacientes recorriendo la planicie rural y, a partir de esa estrategia retórica, se identifica al hospital no ya desde la ciudad, sino desde la periferia, desde el paisaje rural presente en el imaginario local. Pero la periferia no necesariamente es el lugar de la subordinación o la dependencia, también puede ser el de la producción y reproducción de saberes y prácticas donde los sujetos cobren voz desde la subalternidad que desafíen la deshumanización del campo de la salud y generen lógicas alternativas, quizás , en un principio poco visibles –por ubicarse en la periferia– pero no por ello menos eficaces e, inclusive, emancipadoras y transformadoras a largo plazo.

En conclusión, dado que la investigación se halla en proceso, lo expuesto hasta aquí es apenas una parte del trabajo que se encuentra en pleno desarrollo. Queda para el final agradecer a todo el personal del centro de salud pública de Lezama por permitir llevar adelante este proyecto, en particular a Daniel Luciano, su administrador, y a su directora, Adriana Mauri. Nuestro agradecimiento se hace extensivo a los vecinos de Lezama que, de manera desinteresada, ofrecieron sus recuerdos para reconstruir la historia de su hospital. Entre ellos a “Niní” Codaza de Moretti, al historiador Walter Rodríguez y, en especial, a Marisa Zamboni, porque es por ella que esta investigación ha sido  posible.

Por Verónica Meo Laos

 

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