Martina Jurigová, enfermera checa: “La enfermería es central en el sistema de salud”

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Además de su experiencia en África y Medio Oriente junto a Médicos Sin Fronteras, Martina Jurigová da clases de enfermería en cuidados intensivos, especialidad en la que lleva trabajando una década. A un año de los primeros casos de COVID nos cuenta sus impresiones sobre la pandemia, la crítica situación de los hospitales y cuál es, en su opinión, el error más grave que se está cometiendo.

Martina Jurigová estuvo en casi todos los sitios del mundo menos en Latinoamérica, aunque asegura que es uno de los lugares que, desde hace tiempo, más le gustaría visitar. Y si hasta ahora no pudo hacerlo es porque la mayoría de los países que conoció no tuvieron que ver con destinos de vacaciones sino con su trabajo junto a Médicos Sin Fronteras. Y fue en esas misiones como enfermera donde pudo, además, poner en práctica, tal como ella misma cuenta, su formación como antropóloga en la Universidad Carolina de Praga.

“Pienso que en donde más la usé fue en las misiones de Médicos Sin Fronteras porque, en Europa, a veces creemos que nuestro modo de hacer medicina y tratar el cuerpo humano es el mejor y gracias a la antropología entendí que no es cierto. Nuestro punto de vista incluso en la medicina está determinado culturalmente y puede ser muy distinto del que tiene el personal de salud local de cada sitio. Puede parecer algo obvio, pero creo que entenderlo es un verdadero desafío para los expatriados que realizan por primera vez estas misiones”.

Jurigová tuvo hasta el momento cinco misiones: dos en África, donde trabajó en Tanzania y Nigeria, y tres en zonas de guerra de Medio Oriente. Recuerda, sobre todo, lo que sintió en 2018 en el noreste de Siria, trabajando en un centro de salud que, antes de la guerra, contaba con una estructura parecida a la de un hospital de una ciudad pequeña de República Checa.

Sin embargo, cuando llegaron estaba absolutamente destruido justamente a causa de la guerra. Encontraron un edificio vacío con pocas paredes en pie y, en ese contexto, tuvieron que arreglárselas para tratar a algunos pacientes. Explica que muchos miembros del personal médico habían muerto o escapado de la zona y, como si eso fuera poco, la universidad dejó de funcionar y, por lo tanto, no podían incorporar nuevos médicos ni enfermeros.

“Entonces me di cuenta de lo frágiles que somos. No solo en Siria o en países de África, porque también puede suceder aquí como vemos ahora mismo. Y puedo entender el miedo y el enojo del personal de salud con esta situación en la que estamos cerca de no poder atender pacientes y, tristemente, no me sorprende: yo sabía por mis experiencias que estas cosas podían suceder y en las misiones entendí lo frágiles que somos”.

En el Hospital de Vinohrady en Praga, Martina Jurigová trabajó como enfermera en la unidad de cuidados intensivos durante diez años y, desde enero, empezó a desarrollar tareas de perfusionista, una técnica que proporciona soporte cardíaco y respiratorio a pacientes cuyos pulmones y corazón están muy dañados y no pueden desarrollar su función normal. Algunos de esos pacientes llegan a esa situación por un grave cuadro de coronavirus. Jurigová suele trabajar en el quirófano aunque ahora, por supuesto, se están realizando menos operaciones. De hecho, en estos días, pidió volver a la unidad de cuidados intensivos para colaborar con la enorme demanda de trabajo que requiere el Covid.

“Pienso que la gente se asustó mucho con el Covid al principio y ahora quizás ya no porque tienen conocidos con síntomas muy leves. El problema es que no tienen contacto con otras personas que sufren síntomas graves. Ahora mismo tenemos pacientes de 30, 35 años en terapia intensiva y con respirador y eso es algo que yo veo, pero la mayoría no llega a conocer. Creo que es un error perder la humildad y no ser todo lo conscientes que deberíamos”.

Como todo el mundo, Martina Jurigová está muy preocupada por sus abuelos y por otros miembros de su familia. Y asegura que, en su opinión, lo más sorprendente de la pandemia es ver cómo se maneja tanta desinformación. Incluso entre personas con un alto nivel educativo y cultural que consideran y repiten ideas absurdas como, por ejemplo, que la vacuna, en realidad, vendría a ser un chip que tiene la intención de dominarlos.

“Desde el principio de la pandemia hubo mucha gente hablando del COVID sin el conocimiento adecuado y yo no quiero ser una más, no me siento competente para hablar de la pandemia. Pero sí puedo hablar de mi experiencia en el hospital: por ahora podemos prestar atención a todo aquel que lo necesite, pero estamos muy cerca del límite y realmente nos preocupa cómo puede seguir la situación en los próximos días o semanas, y eso es bastante aterrador para mí y mis colegas”.

Martina Jurigová define el de la enfermería como un trabajo difícil pero, al mismo tiempo, hermoso. Por un lado, reconoce que es muy complejo y estresante tratar con personas que sufren o mueren, a veces con historias muy terribles detrás. Pero, por otro lado, encuentra ciertas gratificaciones que no suele haber en otros trabajos, y por eso mismo lo sigue eligiendo. Además, ve con satisfacción cómo, últimamente, la sociedad checa está modificando la imagen estereotipada que tenía de los enfermeros.

 

Entre esos programas de televisión Jurigová menciona, por ejemplo, Nemocnice na kraji města (El hospital a las afueras de la ciudad), una serie checoslovaca de la década del setenta que, en su opinión, mostraba médicos muy arrogantes y soberbios en su trato con las enfermeras. Jurigová celebra que ahora, por el contrario, el cambio de paradigma esté surgiendo también entre los propios médicos profesionales. Asegura que ese es, al menos, un punto positivo que trajo la pandemia. Además, Jurigová da clases de enfermería de cuidados intensivos. Por lo tanto, sabe muy bien qué características debe tener una persona que decide realizar este trabajo.

“Deben tener muy buen manejo del estrés, no entrar en pánico cuando algo ocurre, tienen que ser inteligentes, disponer de habilidades técnicas y, para mí, un diferencial es tener un espíritu de trabajo en equipo porque en cuidados intensivos siempre se trabaja en equipo”.

Aunque ya está vacunada, Martina Jurigová también vivió en carne propia el coronavirus. Se contagió en octubre del año pasado y, aunque cuenta que tuvo pocos síntomas, se sentía agotada y hoy tiene la sensación de que durmió diez días seguidos. Asegura que algo tan simple como hacer pasta para comer le costaba muchísimo esfuerzo. Pero lo peor para ella fue que, incluso varias semanas después de curarse, siguió sintiéndose muy cansada. Como si hubiera padecido una interminable resaca de dos meses.

Texto: Juan Pablo Bertazza

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