El medicamento digital, tecnología aplicada a la salud

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Si existe algo seguro y constante  es el cambio, casi  como característica de nuestra  existencia. Sin cambios no habría vida y los esfuerzos humanos por tener mejores condiciones de vida siempre implican enfrentarlo.

Tendemos a resistirlos y a evitarlos. Pareciera que preferimos un presente imperfecto a un futuro desconocido e incierto. Recordé a Charles Darwin y la adaptación, como su concepto clave, y no puedo dejar de preguntarme si  podemos mirar a través del propósito del cambio que nos presenta esta nueva era tecnológica y convertirnos en sus actores principales. Si podremos ser sujetos activos  e impulsores.

Podrá variar la especialidad, pero no el propósito de todo profesional de la salud: nos une siempre mejorar el estado de salud y calidad de vida de cada uno de nuestros pacientes.

Respecto de lo anterior, una  nueva categoría de “terapias digitales” se abre paso: las que ayudan a modificar el comportamiento del paciente, monitoreándolo de forma remota, antes conocidas como “terapias de bienestar”.

Hoy están especializadas por línea o patologías, siendo el foco aquellas en las cuales el comportamiento y adherencia es crucial para limitar la gravedad de la enfermedad: EPOC, enfermedades cardiacas, DBT, enfermedades infecciosas o de salud mental son algunos de los posibles campos de acción.

Y si de digital hablamos, no podía ser de otra forma, involucra a ese dispositivo que  todos tenemos en nuestro bolsillo al menos unas 10 horas diarias y nunca para de sonar.

La Universidad de Stanford, junto a varias start ups norteamericanas, ya está desarrollando medicamentos digitales, recientemente aprobados por la FDA (noviembre de 2018)  tras 13 años de estudios  y, según se informa, habiendo superado controles de citotoxicidad y lesión mecánica.

Si bien aún se encuentran  en  fase de estudio, permitirían una medición continua y en tiempo real  de las dosis de algunos medicamentos. El kit  constaría  de un parche sensor,  una app para dispositivo móvil y la estrella en cuestión: la píldora con sensor ingerible.

Este microsensor ingerible fabricado con algunos minerales dietéticos como magnesio, cobre y silicio, se  adhiere a la píldora mientras transcurre por su proceso productivo.

El sistema funcionaría enviando una señal desde la píldora ingerida hasta el parche, y finalmente de éste a la app móvil.

La aplicación registraría continuamente las dosis ingeridas, facilitando el control de los cuidadores de los pacientes y/o de los profesionales. También el parche sería responsable de registrar otras variables, como  frecuencia cardiaca, tiempo de descanso, temperatura,  entre otras. Un dato no menor es que prometen capturar información y, a la vez, mantener la privacidad del paciente.

La evidencia inicial indicaría que si a los programas de salud digital se los acompañara con capacitación y seguimiento profesional (irremplazable), se podría hacer la diferencia.

Es cierto que aún nos falta un largo camino por recorrer respecto de estas nuevas tecnologías en nuestro país, y muchas de ellas nos parecen de ciencia ficción; pero si se replicase a gran escala podría ser un granito de arena en la batalla contra el acceso físico y económico a la salud, meta que la OMS impulsó para el siglo 21 por su bajo costo y fácil accesibilidad.

Licenciada Gisele Martínez

2 Comentarios

  1. Utilizar los avances de la tecnología como una herramienta en salud es maravilloso. Incluir e integrar la tecnologia a la cotidianeidad como herramientas brinda una mejor calidad de vida

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