Recuerdos de mi terapia abierta

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Testimonio en primera persona de Carlos Rochetti, un paciente que estuvo dos meses internado en terapia intensiva, donde se aplica una técnica que, según él, le salvó la vida.

Un segundo. Ese tiempo. Ese brevísimo segundo basta para que todo se acabe y uno ni siquiera se dé cuenta. Ese tiempo basta para entender, pero mucho después, de qué hablaban quienes hablaban de morir sin enterarse nunca.

La entrevista con Carlos Rochetti transita por carriles de todo tipo, incluidos los filosóficos, y pasa, por supuesto, por la risa y el llanto; pero siempre, siempre, incluye una reflexión y un aprendizaje.

En noviembre de 2014 Carlitos (para casi todos quienes lo conocen) se encontraba de vacaciones con unos amigos en Chilecito, La Rioja.

La nota podría terminar acá, porque es todo lo que Rochetti recuerda. “Eramos un grupo que había viajado para una excursión. Algunos, a bordo de motocicletas y otros como yo, al mando de un  cuatriciclo. Anochecía y no me pregunten cómo fue o qué me pasó, pero cuando volví a despertar un mes después, me encontraba acostado en una cama del Hospital Italiano”

El vuelco del vehículo y la caída, según testimonios, incluyó que el cuatriciclo pasó por encima del cuerpo de Rochetti y lo aplastó, lo que le provocó 28 fracturas en las costillas y cuatro en uno de los antebrazos.

Fue atendido de urgencia en una sala de primeros auxilios próxima al lugar del siniestro, y al otro día, trasladado a Buenos Aires en un avión sanitario. Estuvo un mes en terapia intensiva (dormido y sedado profundamente, siempre al borde de la muerte)  y otro mes como para saber si salía adelante, aunque ya consciente.

“La labor de los profesionales fue el factor más importante dentro de mi recuperación. Dos meses después, pude ir a mi casa para comenzar con la dura tarea de rehabilitación. Hubo momentos de tanto dolor físico que lloraba al dar un simple paso”, cuenta Carlitos, que hace simple la entrevista porque no para de hablar, como si supiera, precisamente, que todo puede terminar en un minuto. Tal vez le queden muchas cosas por decir.

Rochetti, junto a su mujer, en la sala de terapia abierta del Hospital Italiano.

Carlos Rochetti es una de las personas que más agradece el sistema de terapia abierta que utiliza el hospital. Allí estuvo internado por espacio de dos meses y entre las cosas que llega a recordar es la calidad de su estadía, la que le permitió recobrarse y tener contacto con sus familiares y amigos.

“Empecé a tener conciencia del accidente y que debía comenzar a  rehabilitarme diez días antes de salir. Estuve 30 días en coma y los 20 siguientes, muy intoxicado con medicamentos y drogas. Recién luego de todo eso empecé a tomar conciencia de mi estado.”

La terapia abierta. ¿Cómo fueron esos días de los que Rochetti recuerda poco y nada ya que el mundo, para él, no existía? “Un primer y difuso recuerdo tiene que ver con la música. Mi hijo, que sabe que me encanta Charly García, se sentaba a mi lado y me ponía la canción que más me gusta, Seminare.  Yo estaba en coma y creo haberla escuchado.”

“Poco tiempo después, cuando murió el periodista Tomás Bulat en un accidente, lloré mucho porque solamente tuvo la ruptura de una costilla que le perforó el pulmón y eso lo mató. Yo en cambio, me rompí tantas costillas y sin embargo seguí viviendo. Es muy fuerte lo que pasó y es indudable el componente de suerte.”

Rochetti continua: “Una experiencia como la mía te cambia la vida para siempre. Antes del accidente iba a la empresa (es uno de los dueños del Laboratorio Brobel, que provee a las principales marcas del mercado) a las 7.15 y durante 20 años y trabajé hasta las 19.30 o 20 horas, así todos los santos días de mi vida. Ahora vengo a las 9 o un poco más y a las 17 ya me estoy yendo. Bajé 18 cambios porque caí en la cuenta de que en un segundo puede cambiar todo y uno ya no está donde pensaba que estaba. A mí me gusta el automovilismo y recuerdo un reportaje a Carlos Reutemann, que tuvo un accidente tras seguir de largo en una curva. A él le pasó como a mí; no recuerda el momento en que ocurrió después de fallarle los frenos del coche. Su memoria llegó hasta un segundo antes del accidente y la recuperó después de dos días en estado de inconsciencia. Durante un reportaje, dijo que lo bueno es que podría haber muerto y jamás se hubiera dado cuenta. A mí me pasó lo mismo. La estaba pasando bien junto con mis amigos hasta que algo pasó.”

Como no podía ser de otro modo, Carlitos también vio la luz de la que tanto hablan los que volvieron, incluido el fallecido periodista Víctor Sueyro. “Mis recuerdos de esos primeros 30 días en que tuve el sueño de esa luz se circunscriben a eso y a la música que me ponía mi hijo. Si bien los médicos y enfermeros lo atribuyen a las drogas que te proporcionan, yo vi eso: una luz, y a medida que me acercaba una gente vestida de blanco que bailaba. Yo, es como que quería entrar y no podía hasta que en un momento pude, eso es todo.”

Un mes así. Lo único que recuerda es un sueño y alguna música lejana de Charly García, su músico favorito.

Rochetti sale por un instante de su experiencia para referirse al lugar donde fue atendido. “En el hospital me salvaron la vida y les voy a estar eternamente agradecido. Paso por allí cada vez que puedo y me hago un tiempo y voy a ver a todos los profesionales que trabajaron en mi recuperación”, dice, emocionado.

“¿Querés saber lo que es una terapia abierta?”, pregunta. “Bueno, mirá… “, y muestra una foto en la cual se lo ve comiendo un sánguche de milanesa. “Esto ocurrió un día de semana con unos amigos que me fueron a visitar. Recién en esos días había empezado a comer sólidos y entonces, una noche me vino a ver mi socio con otro amigo y nos pusimos a comer milanesas. Obviamente que era para la foto porque yo apenas comí un pedacito, pero aun así, eso significaba muchísimo para mí. Fue fundamental en mi recuperación el sentirme acompañado por mis seres queridos, los compañeros de mi vida y por el excelente trabajo que hicieron médicos y enfermeros.”

Rochetti y la instantánea de su primer bocado a un sánguche de milanesa.

“Yo creo en la importancia de la parte humana –agrega Carlitos, que, como se dijo, pasa bastante seguido por el hospital donde estuvo internado durante dos largos meses–. Obviamente, hay una parte de aparatología que seguramente influyó para que me salvaran la vida; pero siento que sin el factor humano, sin esa gran disposición que mostraba todo el personal yo no me hubiese recuperado. Eso lo sigo pensando aun hoy, algunos años después.”

Rehabilitación. “La persona que venía del hospital para que hiciera la rehabilitación en mi casa fue de gran ayuda. Es cierto que en un momento uno quiere abandonar porque le duele todo. Había pasado un mes y no podía hacer pan y queso (poner el talón de un pie delante de la punta del otro pie) y me caía porque no tenía equilibrio. Eso pasa por el hecho de haber estado postrado tanto tiempo. Hay que empezar de nuevo con todo, por ejemplo, en un acto tan simple como el de tragar, lo que debe hacerse paulatinamente por no comer ni tomar por semanas.”

“Al mes de haber salido fui al cardiólogo y me sacó tres pastillas. Después, al urólogo, que me sacó otras tantas y así seguí, hasta hoy, que ya no tomo nada aunque me sigo controlando.”

“Tomé conciencia de que me iba a rehabilitar estando en casa. Cuando empecé a salir a caminar, bajé apenas tres escalones que me costaron una barbaridad. Recién una semana más tarde pude dar una vuelta manzana con mi señora. Al otro día di otra y al cuarto, dos vueltas. Poco a poco comencé a ir a la oficina, pero me sentaba y no trabajaba. La rehabilitación empezó en el mes de enero y en julio ya estuve bien como para venir a la empresa.”

La licenciada Ana Díaz, directora editorial de Epidauro, y una selfie con Rochetti, en ocasión de una visita a su empresa.

A pesar de que no se quería ir del hospital, el día del alta llegó, y Carlitos Rochetti debía empezar su nueva vida. Varios profesionales lo acompañaron hasta la puerta, a modo de despedida, y el momento fue muy emotivo. Todas las enfermeras lloraban, y él también lloraba.

Una nueva vida empezaba.

Rubén Pereyra

Periodista

(N de la R: Todas las fotos fueron provistas por el entrevistado)

 

4 Comentarios

  1. Que emoción! Coincido en que la parte humana es fundamental en la recuperación, el sentirse contenido y acompañado por la familia ayudan bastante, sin dejar de lado la otra parte. Para mi el hospital Italiano es lo mejor, excelentes profesionales, Anita una grosa, con una calidad humana única, tuve la dicha de conocerla . Fuerza y a seguir adelante Carlos.

  2. Holaaaaaa. Yo soy carlitos rocchetti y aca contento y feliz de leer una nota sobre mi. Gracias ruben por la nota. Gracias anita por estar ahi conmigo y tan linda en esa foto. Gracias al jefe de terapia. Gracias a mi neumonologo. Gracias al hospital italiano. Gracias a todos los profesionales que hicieron que yo este aqui escribiendo. Y gracias a esos chicos y chicas enfermeros que tanto me cuidaron. Gracias a mi familia. Gracias a mis amigos. Gracias a la Vida.

  3. Hola carlos soy Raquel Goudal queria saber de vos.. ayer me enteré de tu accidente y me conmocionó mucho no me sorprende xq siempre fuiste para adelante… me alegra mucho verte bien..te mando muchos besos

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