Renacer: un  relato de mi estadía en la terapia intensiva abierta

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¿Cómo es la experiencia en terapia intensiva del paciente que se encuentra en coma farmacológico? ¿Escucha algo? ¿Siente? ¿Sueña? Entre la desgracia y la suerte, me encuentro viva para contarlo.

Seis años atrás, tuve un grave accidente automovilístico en la provincia de Neuquén. Ya con 3 cirugías abdominales, dos fracturas y golpes por todos lados, quedé en coma inducido debido a falla multiorgánica. Con tan sólo 19 años, no  tenía pronóstico de seguir con vida, hasta que lograron trasladarme al Hospital Italiano de Buenos Aires.

Allí me lograron salvar la vida. Mi mayor problema era un hematoma grande en el hígado, que con varias cirugías lograron controlar. Desde esa victoria, comenzó la recuperación.

En mi mente, mientras tanto, tenía sueños en los cuales me encontraba enferma, o en distintos escenarios. Soñé con mi familia, con amigos. No pudo faltar un sueño con las conocidas luces de colores. Sin embargo, me quería escapar de ellas y un amigo me ayudó.

Los escenarios y personas no eran sorpresa. La terapia en el Hospital Italiano es abierta. Siempre alguien me sostuvo la mano. Siempre alguien me contó alguna historia. Es por eso que soñé con todas aquellas personas que me visitaron.

«Siempre alguien me sostuvo la mano»

Recuerdo que antes de mi última cirugía de abdomen me despertaron. Allí, a mi lado, estaban mi papá, acariciando mi cabeza, y mi mamá sosteniendo mi mano. Me contaron que me estaban por operar. Yo no podía hablar, tenía traqueotomía, por lo cual solo abrí los ojos lo más grande que pude, dándoles a entender que no sabía de qué estaban hablando, y me toqué el abdomen. Me retaron porque tenía una simple venda cubriendo mis órgano, pero yo no lo sabía. Me explicaron sobre la cirugía, mientras mi mamá me hizo una trenza, y de repente sentí un mareo y me dormí instantáneamente.

Otro recuerdo confuso fue abrir los ojos y ver a tres de mis mejores amigas rodeándome, sosteniendo mis manos, hablando. Esto fue muy hermoso, verlas a mi lado, que me abriguen porque tenía frío, oírlas contarme cosas, dormirme y soñar con ellas plácidamente.

Escucho música. Es mamá que trajo mi celular para animarme con las canciones que más me gustan.

Abro los ojos y una mujer me está hablando, me pone algo en los ojos. Me toma la mano y con certeza me dice: “Todo va a estar bien, yo sé que te vas a recuperar, quedate tranquila”. Gracias enfermera, quien seas, esas palabras me marcaron para siempre.

Siento que soy una muñeca gigante. Me bañan, me colocan cremas, me cepillan el pelo. Son dos personas que hablan. Les doy pena. ¿Por qué será? De repente quedo sola. Quiero a mis padres pero mi voz no se escucha.

Abro los ojos, todo da vueltas. Me molesta algo. No lo quiero tener. Me arranco el respirador. Viene alguien corriendo y me grita: ¡No! Perdón, enfermero, no entendía nada.

Me despierto y me están sentando dos personas, una tercera me coloca un estetoscopio en el cuello y me pide que diga hola. Algo se escuchó, pero no quiero hablar, estoy débil, me falta el aire. Luego viene otra persona y me mueve los pies, las piernas, las manos. Me coloca algo frío y firme en la punta de la cama, para apoyar los pies. Gracias kinesiólogos por la estimulación.

De a poco voy sintiendo más, viendo más. Me vienen a visitar mis padres todo el tiempo. Cuando ellos se van a descansar o comer, viene alguien más a acompañarme.

Todas las mañanas vienen médicos, auxiliares de laboratorio, cirujanos, kinesiólogos y traumatólogos a verme. De a poco me retiran catéteres, sondas y drenajes.

Hay momentos en que estoy sola, está todo oscuro, y no sé cómo comunicarme. Estoy atada y no puedo hablar. Descubrí que si muevo mi mano y la golpeo contra la barrera que está al costado de mi cama viene el enfermero, preocupado. A veces entienden lo que quiero, otras veces no. Algunos me mojan los labios con una gasa con agua para calmar mi sed, otros me tapan porque tiemblo de frío.

Poco a poco todo va mejorando. Voy logrando abrir y cerrar las manos con menos dolor. Papá me ayuda con los ejercicios.

Mamá a veces ayuda a los enfermeros a cambiarme el pañal. Están muy ocupados con pacientes más graves. Cuando me bañan a la mañana, también está a mi lado. Una de esas mañanas la enfermera le preguntó qué me había pasado. Ella le cuenta de mi accidente. Lo comienzo a recordar.

De a poco me sientan en el respaldo de la cama. Empiezo a escribir para comunicarme. Nunca falta la radio con música, que consiguió la mamá de una amiga. Los enfermeros me charlan más. Siempre están cerca, me toman los signos vitales, me vienen a ver.

Me comienzan a hacer pruebas para que deje el respirador. Es muy difícil. Tengo que cumplir 24 horas respirando a aire ambiente. Papá se queda hasta la madrugada, acariciando mi cabeza, o mi mano, para que logre dormirme sin que me administren fentanilo. Me vuelven a conectar al respirador, varias noches, hasta que por fin logro las 24 horas.

Aún con traqueotomia, mis amigas me visitan, me hablan. Me limpian las secreciones que salen de la cánula, me hacen masajes. Pronto logro hablar. ¿Ahora quién me detiene?

«Mis amigas me visitan, me hablan, me limpian»

Los enfermeros me hacen preguntas, me ayudan a sentarme en el borde de la cama, rodeada de almohadones. Mamá está orgullosa.

Me hacen unos estudios y empiezo a comer de a poco. Me visitan las nutricionistas y me preguntan qué me gusta comer. A veces como muy poquito y los enfermeros me incentivan, pero mamá tiene una mejor idea. Me cocina y me trae comida hecha con su amor.

Comienzo a usar mi computadora. Sí, aun en terapia. Mamá me seca el pelo, me lo plancha. Me saca fotos.

Me visita una psiquiatra, me empiezan a dar pastillas durante el día y para dormir. También me ponen inyecciones.

Un día, viene la kinesióloga y, junto con mi mamá, me ayudan a ponerme de pie. Me canso rápido.

Pasan unos días más y, por fin, me dan la noticia de que me trasladan a clínica médica. Me sacan la sonda nasogástrica y me colocan una vía en la mano. Me vienen a buscar y me llevan. Todos me saludan mientras me voy.

Al salir de la terapia, hay un pasillo con unas ventanas grandes. Ahí, luego de un mes y medio, vi el sol por primera vez y se me caen algunas lágrimas..

En clínica médica, tuve mas libertad. Mis padres se turnaban para dormir conmigo. Veía tele. Me visitaban grupos más grandes de personas. Hacía paseos en silla de ruedas. De a poco, fui aprendiendo a caminar. Primero con andador, luego sola. Las enfermeras de ahí, también, siempre acompañando.

Llegó el día, luego de mucha espera. Me dieron el alta y me fui en ambulancia hacia el aeropuerto. En casa, tuve unos meses de recuperación con internación domiciliaria. Poco a poco todo fue volviendo casi a la normalidad.

«Llegó el día luego de mucha espera. Me dieron el alta»

Al acercarse las inscripciones para carreras universitarias, esta vez no tuve duda alguna sobre qué quería hacer el resto de mi vida. Quería ayudar a los pacientes. Contribuir desde el amor, la paciencia, el cuidado y la atención, en su camino al bienestar. Dar palabras de aliento, calmar su ansiedad y miedos. Darles la mano y asegurarles que todo va a estar bien. Cuidar al vulnerable, ayudarlo a que satisfaga sus necesidades, enseñarle a recuperar su autonomía. Es gracias a mi experiencia en el Hospital Italiano que hoy soy enfermera.

Soy profesional con un plus. Mi empatía es enorme, porque yo estuve en su lugar. Cuando digo que entiendo que duele, raspa, molesta o tira un procedimiento, es porque realmente lo viví.  Entiendo que los pacientes pueden tener días tristes porque no mejoran, o que pueden estar enojados, por no concretar cierta tarea. Asimismo, cada pequeño logro es motivo de celebración, de mérito por su esfuerzo. Me siento conectada a sus experiencias y la satisfacción de verlos recuperarse no se compara con nada en el mundo.

«Es gracias a mi experiencia en el Hospital Italiano que soy enfermera»

Siempre que puedo voy a visitar el hospital, y es mi sueño trabajar en el lugar donde me salvaron la vida. Es excelente el nivel de atención que se brinda, y el trabajo en equipo es destacable.

Agustina Bertolini

Enfermera

MP Neuquén: 4387

MN: 102536

 

9 Comentarios

  1. Simplemente hermoso hija, muy orgulloso de que puedas estar viva y sentir lo que sentís!!!…y sin dudas el hospital italiano fue el camino seguro para llegar a buen destino, cuando todos en Neuquén no veían salida… gracias!

  2. Como mamá de Agustina , no me quedan palabra para agradecer a cada una de las personas que trabajaron intensamente en sus cuidados en el Hospital Italiano de Buenos Aires. El sistema de terapia abierta nos permitió estar cerca de nuestra hija todo el tiempo, algo esencial en la recuperación. También poder interactuar con los profesionales a su cargo, médicos, enfermeras, técnicos de laboratorio, rayos etc, cómo así también con las personas que hacen un trabajo de limpieza impecable. Y entre el dolor, la esperanza, la Fe, surgió una vocación . Gracias infinitas. Dios los bendiga siempre.

  3. Como amigo de mamá Patricia, vivi desde lejos la angustia del accidente, la espera por mejorías y la alegría de la recuperación. Todo el esfuerzo médico no puede tener èxitos sin el amor de la gente que lo hace y el apoyo de la familia. Un abrazo grande a los Bertolini-Teves.

  4. Muy linda historia!!! Me paso algo similar, solo que tuvo que ver con varias neurocirugías y ya era enfermero cuando lo viví, estuve internado en el sanatorio que trabajaba. Pero es real como tu percepcion y empatia se agudizan al haber vivido una experiencia así… te felicito… tu experiencia vale oro y ojalá puedas transitar toda tu carrera con esta perspectiva… si es así de seguro vas a ser una gran enfermera… un saludo muy grande…

  5. La verdad me siento muy identificado con vos y la verdad me emociono mucho tu relato! Me alegro que hayas salido adelante y yo lo estoy haciendo también solo que fue hace 8 meses y es muy reciente.. un abrazo

  6. Emocionante relato. Definitivamente el sistema de terapia abierta contribuye a la recuperación de un paciente. No quedan dudas que los pacientes sienten, oyen y perciben todo a su alrededor. Es importantísimo el apoyo de familiares y amigos así como la empatía de los profesionales de la salud. Una vez más orgullosa de esta hermosa profesion , orgullosa de ser enfermera . ❤️

  7. Que gran testimonio de vida , que gran manera de ver el trabajo de muchos plasmado en una recuperación total y ver que ese paciente, tiene una vida y cumple sus sueños después de la terapia
    El trabajo en equipo es fundamental y el apoyo familiar con una uci de puertas abiertas es lo mejor y más humano que un paciente , pueda tener en su internamientos
    Mis Felicitaciones y mi admiración para Agustina , una guerrera que ganó la batalla y que estoy seguro ahora da un trato más humano y integral , después de todo lo qué pasó

  8. Me emociono muchísimo tu historia Agustina, tuve una historia muy fuerte como la tuya y el equipo interdisciplinario me ayudó muchísimo,me contuvieron,cuidaron todo el tiempo. Mí gran admiración a ellos. Son personas de gran corazón aparte de ser grandes profesionales. Me alegro muchísimo por vos que estés muy bien y que hoy en día devuelvas ese amor que recibiste cuanto más lo necesitastes. Vamos Agustina!!!

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