Un amanecer diferente, una terapia de puertas abiertas

En la terapia intensiva de puertas abiertas, los pacientes ya no están solos. Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash
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“Por obra y gracia de Dios creo en el amanecer.” Así lo profesa una de mis canciones preferidas, y así lo creo también.

Creo en el amanecer, pero no en el sentido literal, sino quizás en algo más metafórico. Creo en el amanecer de la vida, en el amanecer de las circunstancias, y si de Terapia Intensiva se trata, tengo muchos amaneceres que contar.

El desequilibrio biológico que genera que un organismo falle, de no recibir la terapéutica adecuada (con muchas probabilidades), puede llevar a un desenlace final que sería la incompatibilidad con la vida. Todo este proceso se desarrolla dentro de un área, y de ella les voy a hablar, del área de algunos amaneceres.

Ella está ahí, sí, justo ahí, detrás de esa puerta que dice “área restringida”; tan ambigua, tan llena de incertidumbres y miedos, sobrevolando ideas sobrenaturales, tan oculta y tan temerosa, ella es nuestro segundo hogar: la Terapia Intensiva.

Pero la nuestra es distinta, es distinta porque somos una gran familia, y siempre estamos con las “puertas abiertas” porque es, precisamente, una Terapia Abierta. Ya no es ese lugar tenebroso, o la “antesala a la muerte”, como por ahí escuché decir.

Ante la adversidad, la vida a veces se nos quiere escurrir de las manos cuando aún no ha llegado la hora. La vida se apaga lentamente, cumpliendo así el fin de un ciclo: el terrenal, dejando ese cuerpo ya desgastado de tanto andar descansar para siempre, liberando el alma hacia el misterio de la muerte.

Cuando la realidad te abruma, y los “porqués” no tienen respuesta, ahí estamos nosotros, dispuestos a mostrarte y transitar contigo este nuevo amanecer, quizás no tan resplandeciente como el sol de la primavera, pero sí con la fuerza capaz de calmar una tempestad.

Sabemos mejor que nadie de la angustia del paciente, de su dolor, de su incomprensión hacia lo que sucede; por eso abrimos las puertas, para que todo sea más ameno.

Somos enfermeros, por vocación o porque al terminar la secundaria mamá nos dijo: “algo tenes que hacer”, y así un día ingresamos a la facultad y nos graduamos en esta hermosa profesión, que posteriormente supimos abrazar con pasión, y que un día nos redirigió hacia el área del intensivismo.

Y, lejos de creer en vivir encerrados, mirando el sol de vez en cuando, ofrecemos al paciente una terapia abierta, para que “sus soles” también esténn aquí, y todo se haga más liviano, de la mano de un ser querido todo duele menos… con las voces familiares los fantasmas desaparecen más rápido, ante tanta aparatología moderna y a la vez tan necesaria para la recuperación; si los seres queridos están, la frialdad desaparece.

El sol sale cada día aquí, y amanece con una sonrisa; somos muchos y aquí estamos, tendiendo la mano amiga, cuidando, aplicando todos los conocimientos científicos, técnicos, y el arte que los enfermeros sabemos hacer brillar, y sobre todo abriendo las puertas. Siempre.

 Licenciada Andrea Verónica Ramos

MN 80912

 

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