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El «síndrome post aborto», eje de otra polémica en el debate por la legalización.

Quinta jornada de discusión en el Congreso

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D[/dropcap]urante el pasado 24 de abril, profesionales de renombre reforzaron sus posturas basados en la experiencia propia o ajena. Desde los Estados Unidos llegó el prestigioso psiquiatra Vincent Rue, invitado para exponer sobre el Síndrome Post Aborto, un tema ausente en los manuales y en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana.

 «No todas las mujeres que pasan por un aborto electivo experimentan un problema psicológico posterior, pero entre el 10 y el 40% sí, según la investigación que se tenga en cuenta. El aborto electivo está asociado a mayores riesgos de sufrir problemas mentales: la tasa de depresión puede aumentar 37% en esos casos; la ansiedad, un 34%; el uso y abuso de alcohol, un 110%; los comportamientos suicidas, un 155%; y el uso y abuso de marihuana, 230%», aseveró Rue delante de una veintena de diputados, y remató con más cifras: «Entre 8,1% y 25,6% de estos problemas podrían evitarse si el aborto no fuera electivo».

“pánico, trastornos de ansiedad, depresión, estrés post traumático, migrañas crónicas, dolores pelvianos, fobias y trastorno obsesivo compulsivo”

Según Rue, para aquellas mujeres que consideran su embarazo como un niño o un feto, el aborto puede resultar traumático porque implica la muerte violenta de un ser humano.

Juan José Cuadro Moreno es psiquiatra del Hospital Posadas, se opone a la legalización y afirma que después del aborto las mujeres sufren traumas. De acuerdo con su trayectoria profesional, habló de consecuencias tales como “pánico, trastornos de ansiedad, depresión, estrés post traumático, migrañas crónicas, dolores pelvianos, fobias y trastorno obsesivo compulsivo”.

También hicieron aportes al debate la ex senadora y periodista María Eugenia Estenssoro y la referente feminista Raquel Vivanco. Ambas dieron a conocer que habían abortado de manera clandestina y respondieron acerca del posible síndrome: «En su momento, abortar fue un alivio, pero como toda decisión en la vida tiene un costo. Creo, no obstante, que es peor tener un hijo que una no ha querido», dijo Estenssoro. Cuando le tocó el turno a Vivanco, la activista aseguró que «no queda un trauma si la mujer toma la decisión de abortar en libertad. En cambio sí es traumático si debe hacerlo en la clandestinidad».

Carolina Alvarado, de la ONG La Merced Vida, se refirió a las consecuencias a las que calificó de “terribles en lo psicológico y físico. La mujer que aborta siente dolor, tormento, tristeza, arrepentimiento y hasta padece pesadillas”. En la página web de la fundación figura un apartado especial sobre las “Consecuencias psicológicas-espirituales” del aborto como la depresión, la culpabilidad y tendencias al suicidio.

Karina Cammarota, psicóloga del Equipo de Consejerías pre y post aborto de la Ciudad de Buenos Aires, polemizó con la posición de La Merced Vida: “No se pueden reconocer tales definiciones ya que la página no contiene investigaciones claras. Para que se dé un trauma debe haber varias cuestiones en juego. No es lo mismo si el aborto se vive como una práctica de la salud pública que si se da en un marco de criminalidad. El autorreproche se vive por la condena social que funciona como culpa».

Para la psicoanalista Martha Rosemberg: «Un solo hecho de por sí no es traumático ya que necesita de varios factores para serlo. Lo que ocurre muchas veces es que son los profesionales quienes llenan de culpa a estas mujeres. Si es la mujer quien toma la decisión, no hay trauma. Se habla de una subjetividad femenina fiscalizada sin tener en cuenta las decisiones tomadas ante un embarazo no deseado”.

Por último, el psiquiatra Enrique Stola habló en base a las experiencias recogidas durante el ejercicio de su profesión. “Lo que veo son mujeres que sienten un alivio profundo después de un aborto por estar atravesando un embarazo no deseado, hecho que para ellas podría entorpecer su vida. Pero también hay quienes sí lo han sufrido, ya sea por una mala experiencia con los profesionales o por mala praxis. He visto, además, mujeres que se sienten culpables a causa de un sistema de creencias impuesto por la sociedad o por formatos religiosos que no dejan vivir las decisiones con libertad. Este síndrome es un invento de fanáticos religiosos»

Fuente: Diario Clarín

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