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«Si todos los ingresantes terminaran la carrera, tendríamos resuelto el problema de la falta de enfermeros»

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[dropcap]P[/dropcap]rimera parte de la entrevista al doctor Gabriel Muntaabski, coordinador nacional del Programa Nacional de Formación de Enfermería (Pronafe), que depende del Instituto Nacional de Educación Tecnológica, que a su vez depende del Ministerio de Educación de la Nación.

Desde antes que viera la luz nuestra publicación, Epidauro, que queremos entrevistarnos con algún responsable del Pronafe. Es que se trata de la respuesta que da el Estado al déficit en la cantidad de enfermeros y a la deficiencia en la formación y jerarquización de la carrera. Finalmente, dimos con el doctor Gabriel Muntaabski, quien amablemente nos detalló el estudio que llevaron a cabo desde el INET, los resultados que arrojó y que finalmente derivaron en la formación del instrumento que apunta a terminar con la alta deserción en la carrera. Hemos dividido la entrevista en dos partes porque no quisimos cortarla, dado que nos parece muy importante todo lo que surgió en la charla.

–¿Cómo nace el Pronafe?

–Este programa se creó en 2016 aunque a decir verdad fue el fruto de un trabajo que venimos realizando con el Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Salud y a través de la Dirección de Capital Humano desde hace ocho años. En aquel momento pudo identificarse la enfermería como una de las áreas vitales del sistema de salud teniendo en cuenta que en el país hay 192.803 enfermeras en el ejercicio profesional. Estoy hablando de personas y no de matrículas, porque se da el caso de que hay gente que tiene doble matriculación según el distrito. El 45% de ellas son enfermeras profesionales, el 42%, auxiliares de enfermería mientras que el 13% restante corresponde a las licenciadas. El promedio se encuentra en más o menos 4,4 enfermeros cada 10 mil habitantes cuando, para dar algunos ejemplos,  en los Estados Unidos es de 9, en Finlandia, 18; y en España la cifra ronda entre 8  y 9.

–¿Cuál es el camino a seguir para revertir nuestras escasas cifras?

–Nosotros confeccionamos una norma nacional para tener un marco de referencia, es decir, un solo marco para la enfermería no universitaria y uno solo para todos los programas de estudio en todo el país que al fin se unifiquen en un único programa que permita la validez nacional. Si uno desde su provincia no cuenta con el marco que genera el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), entonces no habría validez. Esa es la garantía, tanto para los estudiantes como para la población ya sea en Santa Cruz como en Jujuy. Luego, nosotros avanzaríamos en el trabajo de armar los estándares destinados a las escuelas universitarias. El artículo 43 de la Ley de Educación Superior dice que determinados tipos de profesiones que afectan o inciden en la vida o la propiedad de las personas deben estar reguladas por el Estado, lo que implica que la Comisión Nacional de Acreditación Universitaria (CONEAU) sería la encargada de regular esas carreras y de acreditarlas.

–¿Y qué ocurre con la carrera de enfermería?

–Por distintas razones enfermería nunca estuvo contemplada, hasta que en el año 2015 se logró que se vote el ingreso de la carrera en dicho artículo. A partir de entonces, lo primero que se hizo en conjunto con las organizaciones representativas de la enfermería fue determinar los estándares requeridos para determinar que una carrera universitaria sea considerada de buena calidad. Esos estándares implicaron aspectos que tienen que ver con la arquitectura, el equipamiento, la gestión educativa, la cantidad de personal, de profesores, el sistema de ingreso de alumnos, el sistema de investigación, el de rotación de alumnos entre el sistema no universitario y el universitario. Fue un trabajo que llevó su tiempo, que terminó adoptando los estándares del Ministerio de Educación de la Nación a través del Consejo Interuniversitario Nacional y el Consejo de los Rectores de las Universidades Privadas. Todo ese proceso terminó en el 2015 y a partir de entonces se comenzó con el de acreditación. Hoy las escuelas de enfermería de 60 universidades están bajo proceso de acreditación con esos estándares.

–¿Cómo sigue el proceso?

–Una vez terminado todo el camino normativo, comenzamos a trabajar en un proceso que atendiera los más graves problemas que tenemos en la Argentina; el de la formación, que está relacionado con la deserción estudiantil en niveles que alcanzan un 70 por ciento entre los dos sistemas. Es una situación que compartimos con el resto del sistema educativo argentino pero que nos preocupa particularmente porque el país necesita más y mejores enfermeras. Tenemos una cantidad importante de ingresantes, unos 47 mil alumnos en el sistema no universitario y 65 mil alumnos en el sistema universitario, pero egresan unos 12 mil egresados por año. Si todos los ingresantes terminaran podríamos resolver el problema de falta de enfermeros.

La deserción de los alumnos fue el principal problema a enfrentar. En la foto, alumnos de una escuela de enfermería en Guaymallén, Mendoza

 

–Entonces fue identificado el problema.

–Está claro que tenemos que evitar que vayan cayendo los alumnos en el camino y es ahí donde empezamos con la idea de formar un Programa Nacional de Enfermería. Desde el INET nos pusimos a investigar las causas de deserción, hicimos encuestas entre todos los alumnos y a todos los directivos de las escuelas de enfermería del país.

–¿Cuál fue el resultado?

–Nos encontramos con que el 88% de los alumnos planteaba tener problemas económicos para proseguir la carrera. Nuestro estudio arroja además, que un 66% de estudiantes provenían de familias cuyas madres no habían terminado la escuela secundaria, es decir, la mayoría de los estudiantes de enfermería es de origen humilde. Son estudiantes que han logrado superar las expectativas de su propia familia. El hecho de no haber terminado la secundaria, por lo general, habla de hogares de bajos recursos. El tipo de estudiantes se ubica prioritariamente en mujeres de edades que van entre los 18 y los 35 años, con hijos preferentemente. Se trata de mujeres jóvenes, con hijos, que vienen de familias pobres. Entonces, el tema del apoyo económico es un punto fundamental. La calidad de la docencia en enfermería también es un asunto crítico; nuestro estudio demostró que más del 50% de quienes enseñaban enfermería no tenía el título de docente y por esa razón les faltaba la pata pedagógica. También hay que ir al problema de la infraestructura, que es importante. Casi la mitad de las escuelas de enfermería de este país no contaba con un gabinete de práctica ni equipamiento para realizar prácticas dentro de la institución. Además, existían problemas en la relación entre las instituciones educativas y los hospitales donde se hacen las prácticas habituales de enfermería.

–¿Qué medidas tomaron, una vez conocidos los resultados del estudio?

–Tuvimos varias reuniones con los equipos de las escuelas, con distintas instituciones y con los sindicatos. Lo que hicimos entonces fue plantear el programa. Los componentes están apuntando exactamente a lo que afirmamos eran causas de deserción. Por un lado, otorgamos las becas Bicentenario Pronafe y actualmente, las becas Progresar Pronafe que otorga el Ministerio de Educación de la Nación. A fines de 2017 entregamos 9.000 becas y este año estaremos llegando a 20 mil becados en todo el país. Quiere decir que llegamos a uno de cada cinco alumnos en todo el territorio con una inversión de 600 millones de pesos. Por otra parte, acudimos a las instituciones y les otorgamos equipamiento. Nosotros pensamos que los simuladores de práctica son el nuevo camino que hay que seguir. Estamos entregando 860 simuladores a las escuelas de enfermería para sus gabinetes de práctica y capacitación para la utilización de los simuladores. Este año estaremos haciendo una capacitación virtual para los docentes de enfermería para que puedan actualizarse en esos dispositivos.

Según informan desde el INET, este año se llegará a 20 mil alumnos becados en la carrera.

 

–¿En qué consisten estos simuladores?

–Son maniquíes con distintas partes del cuerpo humano o cuerpos humanos enteros que permiten el ensayo de un RCP, una intubación o la colocación de vías. De esa manera, el alumno puede practicar antes de tratar con un paciente real. Antes de llegar a un humano real, los enfermeros habrán practicado muchas veces es los simuladores. Los maniquíes son muy reales porque los brazos tienen piel real, venas y sangre para hacer canalizaciones, inyecciones intramusculares y subcutáneas. Vamos a inaugurar el Centro Nacional de Simulación de Alta Fidelidad.  Se trata de otro tipo de simuladores muy parecidos a humanos, simuladores  de parto y sistemas que permiten generar ruidos cardíacos, pulmonares y mediciones como presión arterial y hasta reconocimiento de drogas. Hicimos una gran inversión para tener toda esta tecnología que se lleva a cabo en ambientes que simulan una terapia intensiva.

–¿Desde cuándo van a estar disponibles y por qué no se aplicaban antes?

–Nosotros esperamos tenerlo listo en agosto de 2018. Los que había disponible antes eran usados esencialmente por médicos pero ahora y por primera vez podrán ser utilizados por estudiantes de enfermería. Vamos a estar al nivel de los mejores centros del mundo.

Rubén Pereyra

Redacción de Epidauro

 

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