Descripción del caso
Se realizaron curaciones periódicas y el seguimiento fotográfico de un paciente de 84 años con úlcera venosa crónica en miembro inferior, con imágenes tomadas desde el 19 de junio hasta la actualidad. El tratamiento local consistió en la utilización de gasas impregnadas con L-Mesitran®, asociadas a terapia compresiva y curaciones periódicas.
Evolución observada
Durante el seguimiento se evidenció una evolución clínica favorable. En las imágenes comparativas se observaron los siguientes hallazgos:
-Desarrollo progresivo de tejido de granulación sano, de aspecto rojo brillante, compatible con un proceso activo de cicatrización.
-Disminución gradual de la cantidad de fibrina presente en el lecho de la herida.
-Escasa cantidad de exudado durante el tratamiento, sin aumento significativo de la secreción.
-Ausencia de mal olor durante las curaciones, lo que sugiere un adecuado control de la carga bacteriana.
-El material fibrinoso y los restos desvitalizados presentaron un desprendimiento facilitado durante la limpieza, favoreciendo un lecho de la herida más limpio.
-No se observaron signos clínicos evidentes de infección local durante el período de seguimiento, tales como aumento del eritema perilesional, abundante exudado purulento o mal olor.

Valoración del uso de L-Mesitran®
En este caso, el empleo de gasas impregnadas con L-Mesitran® se asoció a una evolución favorable del lecho de la herida. Durante el seguimiento se observó el mantenimiento de un ambiente húmedo adecuado para la cicatrización, la progresiva formación de tejido de granulación y la reducción del tejido fibrinoso, sin aparición de signos clínicos sugestivos de infección.
Estos hallazgos son compatibles con un adecuado manejo local de la lesión y con una buena tolerancia al producto durante el período de observación.
Conclusión
De acuerdo con la evolución clínica observada, el tratamiento con gasas impregnadas con L-Mesitran®, en combinación con las medidas habituales para el manejo de la úlcera venosa (incluida la compresión), mostró una respuesta favorable, evidenciada por la mejoría progresiva del aspecto del lecho de la herida, el desarrollo de tejido de granulación y la ausencia de signos clínicos de infección durante el seguimiento.