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viernes, octubre 23, 2026
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¿Por qué seguimos siendo rivales de nosotros mismos? Parte II – Diez años después

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Han pasado más de 10 años desde aquella primera reflexión en la que intentábamos poner en palabras una realidad incómoda: la enfermería enfrentada consigo misma.

En aquel momento hablábamos de los “versus”: enfermero vs. enfermero, hospital vs. CAPS, terapia intensiva vs. sala, capital vs. interior.

Hoy, una década después, ya no alcanza con describirlo. La pregunta ya no es si eso existe. La pregunta es otra, más profunda:

¿Por qué, aun habiendo atravesado una pandemia, seguimos sin poder construirnos como colectivo?

Durante años se sostuvo que la pandemia “unió al equipo de salud”. En nuestro territorio, ocurrió algo distinto.

La pandemia no nos unió, nos igualó, pero no hacia arriba, sólo expuso nuestras debilidades estructurales, evidenció la falta de una identidad profesional consolidada y puso en tensión aquello que durante años no quisimos mirar.

La pandemia no nos unió, nos igualó, pero no hacia arriba, sólo expuso nuestras debilidades estructurales

Se incorporaron estudiantes, estudiantes avanzados y personal en formación. Y, lejos de fortalecer el colectivo, se generó confusión de roles, pérdida de identidad y debilitamiento de la profesión.

No fallaron los estudiantes, a mi modo de ver y es tema de discusión y análisis; ¿falló la vocación? ¿Falló nuestra propia capacidad, como colectivo enfermero, de reconocernos como tal y asumir conducción?

Uno de los errores más profundos de ese período fue conceptual. Se instaló una idea que, lejos de ordenar, confundió:

“enfermero matriculado” y “enfermero no matriculado”.

El concepto es incorrecto.

El que es enfermero, es enfermero, y por definición está matriculado.
El estudiante es estudiante de enfermería. No es enfermero.

Esto no excluye. Esto ordena.
Esto protege la disciplina, el conocimiento y, fundamentalmente, al paciente.

Patricia Benner, el desarrollo profesional es progresivo: de principiante a experto. No hay saltos. No hay atajos.

Durante años señalamos hacia afuera: el sistema, el médico, la política, el reconocimiento social, pero el problema –que considero central– es otro: la enfermería no ha logrado consolidarse como comunidad profesional organizada.

Florence Nightingale ya lo advertía: la enfermería requiere organización, disciplina y estructura. No hablaba sólo del cuidado. Hablaba de identidad.

La enfermería no ha logrado consolidarse como comunidad profesional organizada

Y los versus siguen intactos, UCI vs. sala. Guardia vs. internación. Capital vs. interior. Complejidad vs. baja complejidad.

Pero lo más grave no es la diferencia, es el desconocimiento que tenemos del otro, ese desconocimiento genera subestimación, fragmentación y egos mal construidos.

Si queremos avanzar, debemos volver a un punto esencial, la enfermería es ciencia.

Virginia Henderson la definía como una práctica basada en el conocimiento para responder a las necesidades de las personas.

Dorothea Orem reforzaba que es una disciplina con fundamentos propios, sin formación, no hay autonomía y sin autonomía, no hay identidad.

Aquí aparece uno de los cambios más necesarios —y más postergados—, pasar de ejecutores a gestores.

Durante años, la enfermería fue ubicada —y en muchos casos se ubicó a sí misma— en un rol operativo, alejada de la toma de decisiones.

Sin embargo, algo comenzó a cambiar.

Las políticas provinciales (La Pampa) empezaron a confiar en enfermeros y enfermeras para ocupar espacios de gestión: direcciones de CAPS, conducción de hospitales, roles estratégicos, es un avance y es real, pero no alcanza.

El problema ya no es de afuera, es del adentro de la enfermería, de los cimientos.

No radica en la falta de oportunidades, sino en la dificultad para consolidar el rol gestor, sostener liderazgo colectivo y construir identidad en esos espacios.

Porque ocupar un cargo no es gestionar, entiendo por gestionar comprender procesos, tomar decisiones, sostener equipos, asumir responsabilidades y construir una mirada estratégica del cuidado en sí, cada acción de enfermería es un proceso de gestión, y ese proceso escala: del procedimiento al paciente, del paciente al servicio, del servicio al sistema.

Hay otro concepto que debemos asumir, aunque incomode, el enfermero debe ser un sujeto político, no en sentido partidario, sino profesional, conociendo el sistema, entendiendo la gestión, participando en decisiones y ocupando espacios, y si no lo hacemos otros decidirán por nosotros. Aquí cabe citar una frase pica del Martín Fierro, “si entre ellos pelean… los devoran los de afuera”, situación que pasa día a día.

El enfermero debe ser un sujeto político, no en sentido partidario, sino profesional, conociendo el sistema, entendiendo la gestión, participando en decisiones y ocupando espacio

La pandemia marcó un hecho paradigmático en la enfermería de nuestra provincia.

Puso en crisis estructuras, expuso debilidades y obligó a revisar conceptos. Entre ellos, uno central: la dilución de la identidad profesional.

La reconstrucción posterior no puede ser un retorno a lo anterior.

Debe ser un reordenamiento, recuperar el concepto de enfermero como profesional formado, diferenciar claramente los procesos de formación y consolidar una enfermería basada en conocimiento no es excluir, es construir; y también forma parte de un hecho paradigmático.

Pero hay una pregunta que aún incomoda más que todas las anteriores: ¿Por qué seguimos siendo funcionales a estructuras que nos posicionan como ejecutores? ¿Por qué elegimos, muchas veces, la comodidad de lo establecido en lugar de la incomodidad de transformar?

No se trata de hablar de sometimiento de forma simplista, pero sí de reconocer que muchas veces naturalizamos lugares que limitan nuestra autonomía.

Paulo Freire lo planteaba con claridad: las estructuras no sólo se imponen, también se internalizan, y allí aparece el verdadero desafío, no es quién nos limita, es por qué, muchas veces, aceptamos esos límites sin cuestionarlos.

Pasaron más de diez años, la situación problema sigue casi intacta, pero debemos volver a reeplantearla, y nuestra mirada sí debe cambiar.

No somos rivales porque otros nos enfrenten, somos rivales porque aún no hemos decidido ser comunidad.

El futuro de la enfermería no depende sólo del reconocimiento externo ni de las políticas públicas, depende de algo más profundo, y es la capacidad de reconocernos como un cuerpo profesional con identidad, conocimiento y conducción.

La enfermería no necesita más discursos de reconocimiento, necesitamos ordenarnos, formarnos, posicionarnos, mirarnos como pares, aprender a reconocer y colaborar con el que lo hace, llevar la discusion al pensamiento critico, cuando deje de competir consigo misma y comience a construir comunidad, dejará de pedir lugar y comenzará a ocuparlo.

Javier Piorno / MP 3407

Supervisor de Enfermería Fundación Faerac / Jefe de Enfermería Clínica Médica Hospital Lucio Molas / Director asociado del Hospital Central René Favaloro

Santa Rosa, La Pampa

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