Pese a los esfuerzos de gobiernos y organismos internacionales, las tasas de mortalidad permanecieron prácticamente estables en los últimos años. Aun con los avances de la medicina, el acceso al agua potable y al saneamiento –algo no siempre accesible–, las enfermedades transmisibles ya no explican la mayoría de las muertes de niños, niñas y adolescentes. Con el tiempo, esas causas cedieron paso a otros males: los homicidios, las lesiones de tránsito y los suicidios son causales del 51% de las muertes de quienes tienen entre diez y 24 años.
“Los datos presentados indican que, lamentablemente, se ha avanzado muy poco en el mejoramiento del estado de salud de los jóvenes. Las tasas de mortalidad de adolescentes y jóvenes permanecieron más o menos constantes entre 2008 y 2013, y la mayoría de las defunciones se deben a causas externas, evitables”, concluye el informe La salud de los adolescentes y jóvenes en la región1 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) difundido en marzo pasado. Los homicidios causaron 24% de las muertes de adolescentes en la región y le siguen las muertes en el tránsito, un 20%, y los suicidios con un 7%. En el Uruguay, las causas de los decesos son las mismas aunque en otro orden: en primer lugar figuran las lesiones por siniestros de tránsito seguidas por los suicidios y los homicidios.
En 2008 la OPS lanzó una estrategia regional para mejorar la salud de niños, niñas y adolescentes, que complementó con un plan de acción en 2009. El hecho de que desde entonces se hayan modificado las tasas de las principales causas de muerte no implica que no haya habido logros, aclaró, en diálogo con la diaria, Sonja Caffe, asesora regional en salud de los adolescentes de la OPS y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el área de curso de vida saludable, que estuvo en Uruguay la semana pasada. “Tenemos logros en términos de leyes, el marco político ha avanzado, casi todos los estados desarrollaron planes integrales, servicios de salud, pero encontramos que en muchos países hay un plan pero no hay presupuesto y no hay personal. También identificamos que existe una voluntad, pero muchos planes no han sido desarrollados en base a la evidencia, hay muchas intervenciones de gran intensidad pero que no tienen la escala necesaria para hacer un cambio”, detalló.
Para Caffe, la situación mejorará con un nuevo marco para la salud de adolescentes que desarrolló la OMS en 2017: “Aceleración mundial de las medidas para promover la salud de los adolescentes”, conocido por su sigla AA-HA. “Es un documento que presenta un proceso de revisión, de priorización y evidencia sobre qué funciona en las ocho áreas prioritarias de salud de adolescentes. Estamos apoyando a los países para desarrollar una nueva generación de planes y estrategias que esperemos que se acelere en su progreso”.
Esa tarea consiste en discutir con los ministerios de salud, pero como los temas a tratar no comprenden sólo a esa área se sumaron otros dos componentes: los sectores educativo y de protección social. Para eso, la OPS propuso la revisión de las intervenciones, un trabajo que todavía no ha comenzado en Uruguay. Por estos días, Caffe acordó con el Ministerio de Salud Pública (MSP) iniciar un “proceso de revisión de pensamiento y de identificación de prioridades”.
Salud sexual y reproductiva
A pedido del MSP, Caffe arribó junto con representantes del Fondo de Población de las Naciones Unidas (que tiene un enfoque de salud sexual y reproductiva), para iniciar una tarea de mejoramiento. La idea es garantizar que “los y las adolescentes pueden acceder a los servicios y que, cuando lleguen, reciban un servicio de calidad”, dijo, remarcando que no se puede discriminar y se debe asegurar la confidencialidad.
El informe consigna que la tasa de fecundidad adolescente en América Latina y el Caribe sigue estando entre las más altas del mundo y que “las adolescentes indígenas, de medios rurales, pobres y con menor nivel educativo tienen la carga de embarazo precoz más elevada, lo que afecta sus oportunidades de desarrollo y salud durante toda la vida e incluso a la generación siguiente”.
Entre 2010 y 2015 se produjeron 66,5 nacimientos por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años en América Latina y el Caribe, mientras que en el resto del mundo esa cifra se situó en 46. Los últimos datos que maneja el informe son de 2015 y muestran, por ejemplo, que América del Norte tenía en ese momento una tasa de 28 nacimientos cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años (era de 11 en Canadá y de 30 en Estados Unidos), mientras que la de Uruguay era de 58. En los últimos cuatro años nuestro país ha logrado bajar la tasa de fecundidad de adolescentes; en 2018 se alcanzó el mínimo histórico, con 36 nacimientos cada 1.000 adolescentes.
“Uruguay tiene logros importantes en términos de la reducción del embarazo adolescente, pero la pregunta es: ¿podemos ver la reducción en todos los grupos?, ¿cuáles son los grupos que se quedan atrás?”, desafió. Advirtió que otros países han logrado bajar el embarazo adolescente, pero que dos o tres años después no cambiaron sus estrategias y el indicador volvió a subir. Dijo que es necesario enfocarse en las poblaciones más vulnerables, porque si se interviene en un 80% de la población, el 20% restante representa un límite. Caffe agregó que República Dominicana es el país con mayor tasa de embarazo adolescente en la región (101 nacimientos cada 1.000 adolescentes), y que por eso se está desarrollando un análisis de la situación y diseñando respuestas basadas en la equidad. “Ahora vamos a colaborar con Chiapas, el distrito más pobre de México, que tiene múltiples problemas con el uso de sustancias, con embarazo adolescente, VIH, violencia, y además aplicaremos una herramienta que facilita un análisis en profundidad de los grupos vulnerables y las barreras que estos enfrentan para acceder no solamente a servicios sino también a los programas”, adelantó.
Soluciones a medida
“Muchas veces, algunos estados dicen que la violencia no es responsabilidad de la salud, pero esa no es la realidad: la OMS tiene lineamientos en relación a la violencia juvenil”, afirmó Caffe, quien sostuvo que los problemas entre jóvenes y adolescentes tienen que ver “con habilidades para la vida, el uso de sustancias, un proyecto de vida y las experiencias de violencia dentro de la casa”. Para trabajar mejor el tema, la OMS diseñó una herramienta para analizar con mayor profundidad las muertes por suicidios, homicidios y accidentes de tránsito. Las desigualdades de cada país son importantes; citó el caso de Belice, en donde los accidentes de tránsito son mucho más prevalentes en barrios con población pobre, o el de Chile, país en el que la mayoría de los suicidios de adolescentes se dan “en provincias y en barrios donde hay una concentración de grupos indígenas”. “Necesitamos analizar por qué, para poder armar una respuesta acorde”, insistió.
El informe de OPS consigna que las principales causas de años de vida perdidos ajustados en función de discapacidad atribuibles a una afección en poblaciones jóvenes en América Latina y el Caribe han cambiado desde 1990: “En general, las enfermedades transmisibles, de la nutrición y de la reproducción (las que afectan a la madre y al recién nacido) descienden en la clasificación, y sobresalen otras anomalías como la autoagresión (suicidio, tentativa de suicidio) y los trastornos psíquicos y disociales de conducta”. Entre niños de diez a 14 años, las principales causas de años de vida ajustados en función de discapacidad son anemia, enfermedades cutáneas (como el acné) y asma. En los grupos de 15 a 19 años y de 20 a 24 los primeros lugares los ocupan los actos de violencia entre personas y los accidentes de tránsito. No obstante, la malnutrición sigue siendo el principal factor de riesgo de años de vida perdidos ajustados en función de la discapacidad en niños de diez a 14 años, seguido por el consumo de alcohol y de drogas ilícitas, la función renal deficiente y la falta de acceso a agua potable y saneamiento. Entre los jóvenes de 15 a 24, los principales factores de riesgo son el consumo de alcohol y otras drogas, los riesgos ocupacionales, las relaciones sexuales sin protección, el abuso, la violencia y la malnutrición.
Para disminuir el impacto de los factores de riesgo, Caffe aconseja diseñar soluciones adaptadas a cada realidad. Mencionó que en algunos países del Caribe los adolescentes consiguen el alcohol dentro de la casa –“es un problema de la familia”, dijo–, mientras que en ciertos países de Latinoamérica lo compran en la calle, por lo que se necesitan diferentes estrategias. Para promover un estilo de vida saludable, la OPS está desarrollando un marco para mejorar la salud escolar y así llegar a grandes grupos de niños y adolescentes.
Por: Amanda Muñoz
Foto: Federico Gutiérrez
Fuente: ladiaria.com.uy